No suelo equivocarme con las personas, como tampoco dejo que se equivoquen conmigo. La cosa está en que siempre intento ser yo misma y me da igual la persona que tenga delante. ¿Qué más me da? Si tarde o temprano volveré al mismo sitio y allí habrá poca gente que siga para estar a mi lado, sin pedir nada a cambio. Habrán muy pocas que me dirán verdades a la cara, y muy pocas que señalen donde me equivoqué anteriormente. Pero en cambio habrán muchas que dirán a gritos todos mis fallos, de uno en uno y con una paciencia magistral; habrán muchas dispuestas a ponerme más piedras en el camino y lo sé. No tengo cinco años y aunque los tuviera.
Sé que no siempre puedo caerme de pie, y eso os jode. Os jode que me caiga y vuelva a levantarme quitándome el polvo de las rodillas y riéndome de mí misma. Lo de presa fácil ya ha pasado… y menos mal. Y a mí no me pesa la cara por sonreír un poco más, mientras esperáis una lágrima que no caerá.

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